El repertorio conductual innato es el conjunto de respuestas reflejas presentes en el recién nacido, son fruto de la herencia biológica aunque tamizada por la interacción intrauterina. Con este pequeño tesoro conductual el ser humano inicia sus derroteros entre el mundo físico y social aparentemente caótico pero ciertamente organizado. Su interacción continua con lo complejo y organizado permite la progresiva complejización y organización del comportamiento humano. Este paso va dejando de ser simplemente reflejo poco a poco va haciéndose voluntario.
Esta transición de lo reflejo a lo instrumental puede contemplarse en cada uno de los comportamientos innatos que resultan significativos socialmente.
Cualquier situación social implica para el bebe algún tipo de aprendizaje. No hay ninguna situación social neutra, totalmente intrascendente. Los padres en su comportamiento diario en sus más mínimas actividades están siendo verdaderos enseñantes de sus hijos.
Estas situaciones conllevan un proceso interactivo. No solo aprende el niño a llorar ante sus padres; estos también aprenden a comportarse de ciertas maneras ante el llanto del niño.
Así como el niño aprende que su sonrisa es gratificante para los adultos, también aprende pronto que el llanto produce aversión, aunque sea en ocasiones instrumento para la consecución de gratificaciones. Por ello se suele identificar el no llanto con “hacerse mayor”.
Por senderos semejantes el niño va aprendiendo a atender los elementos significativos de su entorno.